Virus, virus, virus

No veo la luz al final del túnel… ya ni recuerdo cuándo empezó todo. Ah, sí, con la adaptación del niño a la guardería, a principios del mes pasado. En una semana ya cogió los primeros virus que se manifestaron con mocos, legañas, tos…. Y la semana pasada ya le diagnosticaron la temida bronquiolitis, la “amiga” que persigue a más de un peque a lo largo de sus años de guardería (incluso de cole) como si no hubiera un mañana…. Y yo que me quería librar. ¡Ja! Ilusa yo…

virus

Y nosotros igual. No tenemos bronquiolitis, porque nuestro sistema respiratorio es más maduro que el de nuestro bollito. Pero Gafapapá tose cual perro viejo y no tiene un hilo de voz. Y yo tengo unas placas como camiones alojadas en mi garganta, he pasado días enteros con 38 de fiebre y un mal cuerpo que pa qué.

Logísticamente está siendo un poco calvario. El niño no puede ir a la guardería y yo no he podido ir a trabajar cuando he estado mala. En los días en los que hemos coincidido enfermos el niño y yo, me he quedado con él ya que mi médico me mandaba reposo domiciliario, por lo que le he cuidado como he podido a pesar de no estar al 100%. Y cuando he estado “sana”, me he cogido los días de mis vacaciones. Así es la conciliación (aquí). Y claro, a pesar de tener justificadas mis faltas al trabajo, no puedes evitar sentirte entre mal y culpable, y mira que culpa tenemos más bien poca.

Y aquí estamos. A jueves y aún con tos y mocos. Y me cruzo con comentarios del tipo “ayyy, yo tuve que sacar al mío de la guardería”; “yo estuve el primer año con la niña en casa, luego me incorporé al trabajo”; “yo hago malabarismos para dejar al niño con alguien el día que se despierta con fiebre”…. Y esto es solo la primera vez del año. ¿Cuántas más nos esperan? Me da un poco (bastante) de miedo que vuelva a la guarde y que coja nuevos virus… pero no me queda otra (creo). Yo solo quiero salir de este pozo de virus, celebrar la Navidad como es debido, poder dar el pecho al nene sin tener que ponerme una mascarilla para no contagiarle yo lo mío, despreocuparme cuando esté en el trabajo… Si de paso me toca la lotería, ya sería la bomba 🙂

¿Qué hacéis vosotros cuando vuestros peques están malos? ¿Qué problemas habéis tenido en vuestros trabajos? ¿Hay luz al final del túnel?

 

Mi baja por maternidad llega a su fin

Sí, así es. Después de las 16 semanas estipuladas por ley, los 15 días de lactancia y mis días de vacaciones, he de decir adiós a mi baja. Y con mucha pena. Porque la he disfrutado mucho. Muchísimo. Cada día, cada minuto. Sí, con altibajos. Con momentos de “¿Me dejará dormir esta cosita en algún momento?”. O de “¿Cuándo me volveré a pintar las uñas?”… Con todo, repetiría cada segundo.

Repetiría los amaneceres, tranquilos, divertidos, cuando, si no estaba ya en la cama conmigo, le tumbaba a mi lado, le hacía pedorretas, le llenaba de besos la cara y él me la babeaba a mí. Y se reía con su boca bien abierta y redondita. Y nos pasábamos un buen rato ahí tirados. Repetiría los paseos por nuestro barrio, con mi nene mirándome desde su capazo, primero, y desde la silla después. Y yo haciendo el tonto (qué pensarán de mi en el barrio, oiga). Caminando sin mirar dónde pisaba y haciendo muecas para arrancar, de nuevo, otras mil sonrisas. Repetiría nuestros juegos en la hamaca, en el parque, en nuestra cama. Las siestas cuerpo con cuerpo. Los paseos de la tarde, ya con Gafapapá, con más sonrisas, con palabras en francés, con las cachillas del nene al aire, en verano, y el forro polar ya estos últimos días. Bajamaternal

Mañana se abre una nueva etapa. Comienzo de nuevo a trabajar y se me va a hacer raro, o eso creo. De repente, vuelvo a estar sola. Sola en el sentido más físico de la palabra. Porque después de 1 año y 2 meses con mi bollito (9 meses dentro de mí, 5 de baja maternal) me adentro, de nuevo, en la gran masa ya sin él. Seguro que todas me comprenderéis. El vínculo es tan especial y tan intenso que se hace muy raro (y muy difícil) no tener a esa parte de ti en la misma habitación o en la misma casa.

No quiero aferrarme a esta idea. No quiero no saber cómo avanzar. Creo que voy a poder hacerlo, porque así es la vida, así son las cosas y así es como, por ahora, tiene que ser. Y es ley de vida. Solo quiero dejar aquí plasmados mis sentimientos, ahora que termina mi baja, para recordarlos siempre y estar orgullosa de haber aprovechado cada día con mi niño. Ha sido un periodo muy bonito de mi vida que siempre recordaré con cariño, con una enorme sonrisa en la cara y también con alguna lágrima de emoción.

Agradezco enormemente a Gafapapá, a la vida, a la Naturaleza y/o a quien proceda que haya podido vivir este momento TAN especial en mi vida. GRACIAS.