El león duerme cuando le dejan

Hace dos semanas en un momento de no saber cómo distraer al niño de uno de sus momentos de ‘no quiero que me cambies de ropa’, terminé en uno de esos callejones sin salida que no tienes previstos hasta que no eres padre. Desde entonces han ocurrido dos cosas: una, que tenemos un arma nueva para distraerle, que es el arranque de The lion sleeps tonight. La otra, que él ha aprendido a pedírmela a pesar de que es evidente que no llego a esos agudos y desafino como un gato agonizante. De vez en cuando, con más frecuencia de la debida, me mira y dice, muy serio: “Iiiiiiii me me”.

Y ahí vamos…

Veo que mi carrera musical va a quedar encasillada por esto. Así que cuidado con lo que intentáis para distraer a los niños.

Paradójicamente, el vídeo que cuelgo para ilustrar este post a él le hace llorar, parece que le da un miedo atroz oír la canción bien afinada y cantada por un divertido hipopótamo. Nada supera a la versión distorsionada de papi. Y yo, aunque me hago de rogar, me debo a mi público. Todos conmigo, ojo que la letra tiene miga: “Oimowe Oimowe Oimowe Oimowe Oimowe Oimowe Oimoweeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeee”.

Decálogo de una madre primeriza

Después de, ay madre, casi 10 meses de maternidad, me veo en disposición de escribir un decálogo que puede resultaros interesante, divertido, o todo lo contrario ;P A mí seguro que me viene bien recordar, algún día, todas las cosas que nos han pasado desde que nos quedamos embarazados. Este decálogo resume mi experiencia como madre primeriza. No obstante, la tuya puede ser totalmente diferente.

decalogo_madre_primeriza

1. Duerme todo lo q puedas antes de que la criatura venga al mundo. EN SERIO. Deja de ponerte a pensar en su cuartito, en la ropita o en cómo será el gran día, en lugar de dormir. Porque todo se resolverá en su momento, pero las horas de sueño perdidas nunca volverán.

2. La lactancia materna no es fácil. Ni su proceso, tan natural como yo imaginaba. Puedes ser de esas a las que sus bollitos se les enganchan con una facilidad increíble. Pero, por lo general, hay que enseñarles a engancharse y a comer. A comer, sí; porque los primeros días se quedan adormilados y ese no es el objetivo. Hay que acariciarles el talón o incluso darles unos suaves golpecitos mientras ellos maman, para que no caigan en los brazos de morfeo.

3. Pasa de los comentarios de los demás. Y no solo de terceros lejanos, también de los de tu propia hermana. Si es lista -y tb ha sido madre- ella misma te dirá: “Yo hice esto, pero tú haz lo que te salga de ahí”, que es lo que me dijo la mía.

4. Los bebés comen, duermen y cagan. Y no hay mucho más durante las primeras semanas (o meses).

5. Tras el parto, el pelo se te cae. Y MUCHO. Olvídate de tu melena fuerte y brillante y ten a mano el teléfono del fontanero, para que vaya a desatascar tus tuberías. Un horror. Peeeero tranquilidad, porque el pelo vuelve a nacer. A partir del tercer mes de haber dado a luz, pequeños pelitos irán haciendo acto de presencia por toda tu cabeza. Tened a mano productos antiencrespamiento😉

6. Eso de que cuando estás embarazada hay que comer por dos es un mito. Pero oye, si puedes, ¡hazte feliz! Tu cuerpo y tu bebé te lo agradecerán. Yo tuve la suerte de no tener diabetes gestacional, ni cogí muchos kilos, así que si me apetecía cualquier capricho bañado en chocolate, cosa que ocurría a diario, pues me daba permiso. Intentaba compensar caminando mucho y bebiendo mucha agua.

7. El síndrome del nido es VERDAD. Piensas cómo ordenar cosas, las ordenas, rectificas el orden y vuelves a pensar. Y así una y otra vez, hasta que alguien -el buenpadre- te coge de los brazos y le dice a tu síndrome: “¡sal del cuerpo de mi mujer!”.

8. Piensa en la primera foto con tu bebé. Y no te flipes con cambios de look durante el embarazo. Odio cómo salgo en la foto del hospital. No me veo cara de madre radiante de felicidad. Me corté el pelo muy corto durante el embarazo, para estar más cómoda y tal… ¡Con lo fácil que hubiera sido haberme hecho un moñete!

9. Si no te ceden el asiento en el metro, que no lo harán, reclámalo tú. Es un derecho y por eso hay determinados asientos asignados para personas mayores, con muletas, embarazadas o que vayan con niños. Te plantas delante del asiento en cuestión y, muy educadamente, dices: “¿me permite que utilice el asiento reservado?”. Y punto.

10. Vas a ser la persona más feliz del mundo. Y tu bebé, el más guapo. Y lo sabes.

¡9 meses!

Han pasado ya 9 meses y casi no he escrito sobre la evolución del bebé, ni la mía propia. Sí quería certificar algunas cosas:

-Se disfruta mucho más el bebé a partir de 6 meses. No sólo es más interactivo sino que resulta más sencillo cogerle, bañarle, etc. Para mí al menos, es mejor desde que parece menos frágil y más “hecho”.
Padres recientes: aguantad. No diré que todas las noches son buenas, pero hay un horizonte de noches casi del tirón esperándoos. Pueden ser esporádicas y puede haber otras noches horribles pero, si lees esto en tu fase de dormir 3, 2, 1 o ninguna hora, piensa en 6-7 de una sola vez. Oh yeah.
-Si podéis, no hagáis caso y no iniciéis la alimentación con sólidos. Nunca. Es una trampa. Si no sabes a qué me refiero, aún no has cambiado un pañal digno de ese nombre.
-Tenemos que hacer un post de compras tontas y compras útiles. Por ahora un spoiler: compra un nebulizador, uno barato servirá. Puede evitar que mocos deriven en bronquiolitis o hacer que pase más leve.
-Cada mes cambia tanto que sí, aprovecha y disfruta cada noche, cada baño, cada pedorreta. El mes que viene hará otras cosas o de otro modo pero el día de hoy no lo volverás a tener.
-No te enfades si dice todas las sílabas menos la “pa” de papá. Bollito en concreto se ríe de la palabra “papá” cuando se la dices. Si tu bebé hace lo mismo, mira el lado positivo: así ya te vas mentalizando de tu papel en la película.
-Ahora ya, desde los 8 aproximadamente, Bollito ya ayuda más a que lo vistan. Ya pasa los brazos por las mangas casi solo. No es que vestirle sea rápido para papi, pero ya no es taaaan lento.

No quiero olvidarme de los ratos compartiendo cama al amanecer, ni de su forma de intentar gatear sin conseguirlo, ni de cómo sonríe ya al verme (casi siempre). Lo que más me sorprende es lo claras que se ven sus preferencias: qué juguetes le gustan más o qué juego no le apetece ahora. Para ser tan enano, verle gustos tan definidos parece fuera de lugar. Pero es muy divertido.

Por supuesto que también es bonito antes de 6 meses, pero a partir de esa edad es menos muñeco y más personita.

La niña que llevo dentro

Si Anastasia Steele repite incansable, agotadora, hastiosamente unas cuantísimas veces la expresión “la diosa que llevo dentro” en 50 Sombras de Grey, yo muchas veces me repito la de “la niña que llevo dentro”. Y últimamente, más. Y es que siempre la he mantenido muy activa, a pesar de haber ido soplando velas (ojo, que solo van 32, ¿eh?). Pero ahora, con un bollito de 9 meses, no hace más que salir cada vez que tiene ocasión. Y es algo que me encanta. Es hacer literalmente el mono (u-i-u-a) y mi nene se parte de risa. Si me tiro en plancha sobre la cama estando él tumbado, se pone hasta nervioso. Y lo de las pedorretas ya se nos ha ido de las manos. Pongo voces tan agudas que podría reventar el Palacio de Cristal del Retiro; y hablo “balleno” nivel proficiency.

Me encanta poder disfrutar así con él, pero también me sienta fenomenal hacerlo conmigo misma. A pesar de los horarios, de las horas de no sueño, de los quehaceres de casa y fuera de ella y del agotamiento que cae como una losa sobre mi contracturada espalda cuando bollito cierra sus ojitos. Tener tan activa a la niña que llevo dentro me carga las pilas y me aporta un buen rollo que mi cuerpo lo agradece. A ver, que me sentaría bien una sesión de masaje relajante, pues claaaaaaro. Pero creo que si fuera una persona “demasiado adulta” no disfrutaría como disfruto del día a día. Y no le regalaría tantos momentos de risas infinitas a mi pequeño.

Hace poco me enviaron mis padres una fotografía de cuando era una niña pequeña y ahí salgo yo, con mis gafotas, mi pelo alborotado y una sonrisa de oreja a oreja. Así me recuerdo yo física y emocionalmente. Y así me sigo sintiendo taitantos años después.

Y vosotros ¿os liberáis y sacáis de vez en cuando al peque que lleváis dentro?

Papilla de verduras

Tiempo invertido: 50′
Cantidad ingerida: 210 ml aprox

Balance de bajas:
2 sevilletas de papel
3 tissues
3 gasas estériles
3 unidosis de suero
1 toallita

Para lavar o fregar:
Babero
Body
Plato de plástico para niño pero no apto para microondas
Plato apto para calentar puré en microondas
2 cucharas
Cazo

No os engañéis: sale más barato llevarlo al burguer.

Virus, virus, virus

No veo la luz al final del túnel… ya ni recuerdo cuándo empezó todo. Ah, sí, con la adaptación del niño a la guardería, a principios del mes pasado. En una semana ya cogió los primeros virus que se manifestaron con mocos, legañas, tos…. Y la semana pasada ya le diagnosticaron la temida bronquiolitis, la “amiga” que persigue a más de un peque a lo largo de sus años de guardería (incluso de cole) como si no hubiera un mañana…. Y yo que me quería librar. ¡Ja! Ilusa yo…

virus

Y nosotros igual. No tenemos bronquiolitis, porque nuestro sistema respiratorio es más maduro que el de nuestro bollito. Pero Gafapapá tose cual perro viejo y no tiene un hilo de voz. Y yo tengo unas placas como camiones alojadas en mi garganta, he pasado días enteros con 38 de fiebre y un mal cuerpo que pa qué.

Logísticamente está siendo un poco calvario. El niño no puede ir a la guardería y yo no he podido ir a trabajar cuando he estado mala. En los días en los que hemos coincidido enfermos el niño y yo, me he quedado con él ya que mi médico me mandaba reposo domiciliario, por lo que le he cuidado como he podido a pesar de no estar al 100%. Y cuando he estado “sana”, me he cogido los días de mis vacaciones. Así es la conciliación (aquí). Y claro, a pesar de tener justificadas mis faltas al trabajo, no puedes evitar sentirte entre mal y culpable, y mira que culpa tenemos más bien poca.

Y aquí estamos. A jueves y aún con tos y mocos. Y me cruzo con comentarios del tipo “ayyy, yo tuve que sacar al mío de la guardería”; “yo estuve el primer año con la niña en casa, luego me incorporé al trabajo”; “yo hago malabarismos para dejar al niño con alguien el día que se despierta con fiebre”…. Y esto es solo la primera vez del año. ¿Cuántas más nos esperan? Me da un poco (bastante) de miedo que vuelva a la guarde y que coja nuevos virus… pero no me queda otra (creo). Yo solo quiero salir de este pozo de virus, celebrar la Navidad como es debido, poder dar el pecho al nene sin tener que ponerme una mascarilla para no contagiarle yo lo mío, despreocuparme cuando esté en el trabajo… Si de paso me toca la lotería, ya sería la bomba🙂

¿Qué hacéis vosotros cuando vuestros peques están malos? ¿Qué problemas habéis tenido en vuestros trabajos? ¿Hay luz al final del túnel?